martes, 30 de junio de 2015

The duff

Bianca (Mae Whitman) no se considera la más guapa del instituto, pero sí lo bastante lista como para no dejarse engañar por el atractivo y mujeriego Wesley Rush. Por eso cuando Wesley la llama Duff -apodo que utiliza para referirse a la chica menos agraciada de un grupo de amigas- lo último que ella espera es acabar besándose con él. 


¿Quieres volver al instituto?, ¿a esa época dorada de tormento y felicidad discontinua?, ¿a recordar quién eras tú?, ¿cuál era tu porte en él?, ¿a ese lugar fantástico que se guarda en la memoria o experiencia apestosa que mejor olvidar?, ¿eres de los que se divirtieron, pasaron de fábula o simplemente pasaste por ello para nunca más volver, no gracias?
La industria norteamericana especialista en este tipo de filmes, recrear el ambiente subliminal de diversidad feliz y aterradora, angustiosa mezcla de júbilo y malestar por el cual se accede a la madurez y la personalidad propias si eres de las raras, inteligente, con sesera e individualidad propia, o seguir con la ceguera de la tontería y banalidad si aspiras a ser la reina del baile y futura estrella de la red porque la televisión, al lado de internet, se ha quedado escasa y coja.
Chico 10, guapo, con cuerpo de escándalo, siempre capitán de fútbol, por supuesto, cortito para los estudios que tropieza con esa extraña chica de clase, vecina de la infancia, amiga a negar en público más una necesidad mutua de ayuda desesperada y ¡tachán!, la transformación da a lugar, ella sabe explotar su belleza física, que se ratifica con su firme y atractiva personalidad, y el resulta tener cerebro, sensibilidad y buen gusto para distinguir a la falsa muñeca de portada de facebook -las revistas ya no juegan en primera división- de la auténtica joya que le quiere como es, que le valora y respeta sin reservas, a su lado siempre fiel.
Y la magia surge, la química explota, se encuentran, enamoran y la fea consigue al guapo, la "cool" queda sola y rabiosa y, por demás, tenemos discurso moral sobre ser tu misma y no renunciar a tus gustos y carácter todo envuelto en papel de regalo jovial, dinámico y dicharachero que pasa por sus etapas de negación, golpeo, ira, reacción, esperanza y fortuna, aceptación de tu etiqueta y papel en ese pequeño submundo que lleva a la vida real más la oportuna compensación que se le añade.
"Dieciséis velas" para los más antiguos, "Diez razones para odiarte" para los de medio camino, para los más recientes cualquier serie, blog, sketch o película al uso les vale, la adolescencia, sus traumas, sonrisas, vaivenes, éxitos y fracasos, amores y decepciones acá desde el punto de vista de una "duff", amiga accesible, fea, singular, desaborida, sin interés alguno excepto como apertura a las amigas estupendas, sexys y de moda que conoce, comodín para acceder a zona vip donde sólo juegan los mejores, el retrato de una realidad cinematográfica de obvio recorrido, papeles clásicos, escenas esperadas y final sin problemas después de un inicio y tránsito como cabe esperar en dicho espectáculo.
A pesar de su simpleza y falta de originalidad y ocurrencia a destacar sobre las muchas hermanas que cuentan lo mismo en igual orden es simpática, llevadera y ligera, frescura de una heroína, Mae Whitman, que se desenvuelve con gracia, salero y esmero y un guión que, sabiendo que lo que narra es menudencia mil veces vista, le aporta un ritmo locuaz de personajes bien definidos, sin caer en la soporífera saciedad y dejando sitio para la gratitud y armonía de recrear una obra de pasos nimios y consabidos y, aún con todo, ofrecer un consumo sugerente, ameno y apreciado.
La fábula de cinicienta a la peor edad, a esa línea peligrosa de rozar la mayoría, con la dureza de las clases, la crueldad de los estudiantes, la perversidad del móvil y la víbora micro-sociedad que gira en torno a ella, con su príncipe, su malvada y el beso final de cuento, moraleja y a dormir que hay que soñar con ellos y con esa belleza eterna y magnífica en la que los ruines pagan, los puros de corazón consiguen al guaperas de turno y la admiración de todos es para quien se siente orgullosa de ser diferente y única.
"Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde, como todos los jóvenes yo vine a llevarme la vida por delante, dejar huella quería, marcharme entre aplausos, envejecer, morir eran tan sólo las dimensiones del teatro...", aprovecha esta oportunidad de volver atrás, a la juventud ya ida de una adolescencia loca, se la que conquista al chico, la que desbanca con su inteligencia a la más guapa, la que por simpatía tiene las mejores amigas, la que deja huella por su fuerza y valentía, la que cambia y progresa por ser mejor persona y, en definitiva, se la que se lleva los mérito y los aplausos, la gran protagonista de tu propia ensoñación..., es fácil cómodo y no demanda demasiado, exigencia leve de sabor grato que solicita mínima atención de regreso a esa época juvenil donde las inseguridades, miedos y lágrimas se convierten en sonrisa, osadía y voluntad de seguir adelante porque ya sabes donde vas o, al menos ¡eso crees pensar!
"¿No vas a por la corona? Uummm..., ¡mejor voy a por la chica!"; no hay mucho magnetismo, ni excesiva picardía, su entusiasmo despierta lo justo y su estilo es moderado pero ¿qué más da?
Para ilusionistas de que todo puede pasar, para creyentes de que la justicia se acaba imponiendo, para soñadores de ese glorioso final feliz recordado..., para quien quiera volver a ser joven de nuevo, una y ¡otra vez! 



lunes, 29 de junio de 2015

El niño 44

En la antigua Unión Soviética, Leo Demidov (Hardy) es un guardia de seguridad y antiguo héroe de guerra que cree fervientemente en Stalin. Pero cuando investiga una serie de asesinatos de niños, el estado lo releva de su cargo y lo aparta de la investigación para preservar la ilusión de una sociedad utópica libre de crimen. Demidov luchará entonces por encontrar la verdad tras estos asesinatos y la auténtica razón por la que el gobierno rehúsa reconocerlos. Por su parte, su esposa (Rapace) es la única que permanece a su lado, aunque quizá ella oculta también sus propios secretos.


No por más vueltas y rodeos es más interesante el paisaje o atractiva la ruta; la travesía, larga o corta, sólo tiene que ser intensa e inolvidable, aquí ni llega ni se cumple.
Hay ciertos puntos que tienes claro, evidencias con las que inicias esta partida del cluendo..., el Holodomor, estrategia que consiste en matar de hambre a los niños ucranianos por parte de Stalin -te lo dicen claro al principio-, que nuestro héroe procede de esa agonía, que Leo renacido -"¿cómo te llamas? Ya no quiero mi nombre"- es agente soviético ferviente seguidor del partido al mando de su propio equipo investigador, que está locamente enamorado de su mujer, que "no existe el crimen en el paraíso", y que, a partir de estos puntos, se pondrá a prueba su obediencia ciega al partido, donde la gente hace lo que sea necesario para sobrevivir y donde poco importa la verdad, simplemente di lo que quieres que diga o confiese y ¡ya está!, porque una vez señalado..., ¡nada importa ya! como cadena de fichas de dominó, la tuya ha caído y tanto si tumbas a la siguiente o te niegas, la inercia sigue su corriente y nada puede hacerse para ponerle freno pues se necesitan malos, traidores, espías, comunistas, judíos, negros..., ha elegir víctima según época y guerra, que mantenga la dignidad y ritmo del estado creado en nombre de la pureza, la paz y el bienestar de los buenos ciudadanos.
Por un lado la doble identidad del protagonista, por otro su castigo ante la osadía de seguir sus intuiciones y no respetar el rango, por otra la rivalidad enemiga entre compañeros que convive con el recelo, la venta y entrega -¡o vendes o te venden!, subsistencia al precio que sea- de quienes se llaman amigos, la ficticia historia de amor que va cogiendo ímpetu y realidad, miedos escondidos, mentiras para mantenerse a flote, lealtad a un alto coste y asesinatos continuados de niños que a nadie parecen importar pero que incomodan a excesiva gente cuando se remueve su fango e indaga en la inmundicia de su procedencia.
Es decir, que combinamos varios frentes al tiempo, como experto malabarista con sucesivas pelotas lanzadas al aire intentando dejar reflejo de su destreza, habilidad y arte para jugar con todas ellas a la vez y salir indemne; y, aunque es cierto que el espectáculo vale la pena, el equilibrio se mantiene y parece poder apañarse con todas las piezas al tiempo en espacio reducido, no evita la sensación de 
demasiada altitud para tan escasa recompensa, elevación que no resulta tan subliminal como vendía el prospecto pues tu inicial y entusiasta apertura a la aventura creada pierde fuelle, gas y nervio ante su marcha minutera durante la cual, este herculano que va contra el sistema para redimir propios pecados y limpiar su conciencia, se convierte linealmente en indagación y caza al perturbado donde va a resultar ser que comparten más de lo que se espera. 
¿Qué al final gusta y entretiene? Sí, pero es afirmación comedida que no se expresa con la contundencia debida, no dejas de tener la sensación de demasiado revoltijo para un thriller de asesino en serie que tampoco esconde un secreto tan gustoso y ardiente que tense, con perspicacia y devoción, la andadura hacia su resolución.
Tom Hardy, con su habitual potencia y firmeza para interpretar personajes fuertes, de gran carisma y ferocidad herida en su más sensible corazón y alma, que renacen de sus cenizas y realzan el vuelo como 
contundente ave fénix cuya presencia siempre es delicia a observar y disfrutar por la vista, una correcta, Noomi Rapace, como esposa acompañante y un veterano, siempre cumplidor, Gary Oldman como luchador de batalla que se impregna del deber de su colega, una cuidada escenificación de tonos lúgubres, opacos, devastadores, de fantasmal hambruna y pánico siempre merodeando por los rincones, al acecho cual agudo leopardo a la captura de su gacela, y un argumento basado en la novela de Tom Rob Smith que, sin entrar en ella por desconocimiento, deja un guión repleto que resuelve medianamente todas sus papeletas, uníon aprobada de todos sus resquicios pero, en el fondo, ¿ a qué hemos jugado?, a historia, guerra, horror, supervivencia, lealtad, amor, traición, poder, locura, enfermedad mental, abusos, remordimientos, monstruos, a la verdad y la mentira o a un poco de cada uno en sus inicios y viramos hacia un "Misericordia, los casos del departamento Q" soviético de asesinatos encubiertos de niños -¡44!, vale, bonito número- donde distraer al personal durante su larga duración?
Daniel Espinosa parece dudar por escoger una única ruta, penetrar intensamente en ella y ver lo qué sale, por ello marea la perdiz con varios comodines que se unifican en búsqueda y redención sobre la culpa y los errores del pasado.
"¿Crees que soy una especie de monstruo?" El filme entero se apoya, al igual que tú, en un acertado actor intérprete para recibir balonazos continuos, unos tras otro, cosa distinta es la calidad del lanzamiento, magnitud del golpe e interés que despierte cada uno de ellos; en la mochila de viaje debes cargar sencillez y mínimos imprescindibles para necesidad del camino escogido, no sobrecarga por no saber elegir con sabiduriá qué está de sobra, qué se sobreentiende sin impregnar de más los fotogramas y cuál es el objeto de obsesión e inquietud en el que concentrar todas las ideas.
Sin poder afirmar que no me ha gustado, tampoco puedo negar su contrario, que me haya deleitado, me muevo entre una satisfacción dudosa, pendiente de ese hilo de voz que me susurra, en el no-del-todo-satisfecho inconsciente, que lo ha saturado demasiado en su intento de hilvanar todos los cabos perdiendo la gracia, inteligencia y su pericia por el trayecto. 



domingo, 28 de junio de 2015

La profesora de parvulario

Una profesora descubre, en un niño de cinco años de edad, un prodigioso don para la poesía. Asombrada e inspirada por este joven, decide proteger su talento, a pesar de todo el mundo.


Sin aportar simpatía, solicita disciplina.
Profesora de parvulario, frustrada poetisa de vida monótona y aburrida, marido con el que sólo comparte lecho/hijos que ya inician su propia andadura, que deambula en silencio afligido pasando las horas y los días descubre, entre estos interminables tiempos muertos de espacio perdido, la maravillosa facultad, don instintivo de un chiquillo de 5 años, alumno de la guardería, para crear poesía, ese maravilloso afecto por las palabras que las ordena con hermosura y placer para difundir una realidad apagada a la vista, que el talento del alma y amor devoto del corazón exponen y recitan con subliminal perspicacia y exquisita sensiblería, al expresar lo que nuestra corporal materia recibe a través de sus agudos sentidos.
Ese encuentro inesperado, de ilusión y esperanza por otra vida que comienza, con todas sus oportunidades por delante todavía no anuladas, completamente abiertas al poder-de-ser-lo-que-se-quiera con esfuerzo, dedicación y trabajo, guía y buenos consejos ¿da derecho a alzarse como juez que decide, como reína que manda, como autoridad autoproclamada que vela por el arte, por la supervivencia de la creación artística en tiempos en que ésta es anulada y poco valorada por la sociedad?, descubrir al Mozart de las letras provenientes de esa esencia incontrolable llamada inspiración, que surge sola, sin permiso, en el momento más inoportuno ¿es franquicia para olvidarse de la razón, del mundo y sus normas?, ¿es legítimo y justificable hacer caso a esa loca obsesión, ofuscación inquietante que pide saltarse la ley y 
hacer lo que sea necesario para proteger este santo grial, inocente y puro, perfecto e ingenuo de la contaminación mundanal, que adquiere poder y fuerza a pasos agigantados al ser el motor que devuelve el entusiasmo, alegría y fervor a su existencia?
Esceneficación fría y cortante, espaciada, de escenas mudas, silenciadas donde el lejano pensamiento habla con torpeza, una emotividad gélida de ferocidad oculta donde es difícil intuir, al instante, lo que sucede en la cabeza de esta adulta sonámbula que despierta a través de la habilidad original de un niño, poca narración para un guión que vive de la lentitud de esos potentes primeros planos, estáticos, introvertidos, que aportan mínima explicación que debe ser deducida a través de la paciencia, atención y seducción por esta anómala pareja que, sin duda, son el gran acierto de la película, una intuitiva Sarit Larry que permite hablar a su rígido rostro, y un delicioso Avi Shnaidman de quien crece sin preocupaciones, con alegría y tomando sus momentos de inventiva espontánea como un juego divertido sin más, reflejo fiel y doloroso de que no siempre quien aprecia más el valor e importancia del ingenio talentoso de la creación es quien la posee, a veces ¡ni siquiera se acerca a ella!, malogro y desengaño que lleva a perder la conciencia, los papeles y la realidad y donde, el fin justifica los medios, es lema de lo correcto y por el cual se arriesga todo.
Austera, árida e inaccesible en sus pretensiones, de honda información no siempre revelada con acierto, el personajes es confuso en su conocimiento, dificulta su acompañamiento voluntario y sincero, desconcierto que, por otra parte, te insta a averiguar qué hace, qué pretende, dónde va con esa ridiculez de envidia de no poseer lo deseado, obstinación de protección por lo hallado, miseria de usar escritos ajenos ante la nulidad de crear los propios, adulación altiva como recompensa inmerecida que sabe a gozo súbito..., un conglomerado de sentimientos y emociones que deben ser captados, más por entrega y mérito del espectador que por facilidad transmitida de la heroína fallida, seca, distante, parca en palabras, es el cambio de su mirada lo que permite llegar a ella sin tener claro, en ningún momento, por dónde saldrá o qué intenciones tienes pues, como buena locura no tiene estabilidad en sus pasos ni lógica en su camino, sólo una meta..., que el próximo García Lorca ¡llegue a su destino!
Hagar, madre bíblica de todos los árabes..., "Hagar es bastante hermosa, bastante para mí, una lluvia de oro cae sobre su casa, verdadero sol de Dios"; sin apreciarla completamente tampoco la rechazas del todo, te mueves entre arenas movedizas que no acaban de decidir si te zambullen o sueltan, extraño limbo cuya partida desconoces si te llevara al cielo o al infierno aunque, si no lo tiene claro la maestra ¡cómo saberlo tú que acudes a clase, te sientas, observas e intentas aprender al son del rigor de la imagen y la instrucción de los movimientos!
Complicada lección pues, puedes resumir su contenido y materia de memoria pero, no tienes claro haber disfrutado de la clase.
Adivinanza..., si no te atrapa pero tampoco desengancha ¿qué es? ..., Haganenet.



sábado, 27 de junio de 2015

Casi treinta

Ocho personajes a punto de cumplir 30 años que tienen una última oportunidad para cambiar sus vidas y perseguir sus sueños.


"Casi treinta" y ¡aún sin hacer nada que valga la pena!
Casi todos, creo, alguna vez hemos tenido apetencia de escritor, grandeza de espíritu de tomarnos tiempo, sentarnos a escribir y poner por escrito la experiencia de nuestra existencia, dejar evidencia gráfica de nuestro arduo crecimiento, complicada adolescencia, peor entrada a la veintena y, por fin, la serenidad estable de esa edad donde ya no corres, ni te precipitas, ni descontrolas, ni saltas de pavor ante las equivocaciones o celebras con desmadre los costosos aciertos y que, ciertamente ¡no se equivocan!, empieza a acercarse y confirmarse con la llegada a ese cumpleaños que, durante una década, su primer dígito será el venerado y gustoso, más adelante recordado con estima, impar tres.
Aquí, tristemente, sirve como excusa para que el protagonista haga lo mencionado pero confeccionando un relato difícil de descifrar o calificar pues es un irrisorio guión, por aire de semejanza cutre a "Beautiful girls"/ medio desastroso "Los cinco", donde ya nos hemos hecho adultos pero ¡seguimos igual de tontos!, colegas de colegio que rememoran estupideces que siguen cometiendo, con frases absurdas y huecas pronunciadas con anorexia, tedio y poca confianza, escenas infantiles de príncipe al acecho de princesa que, cuando la halla, es soga al cuello que ahoga y de la cual tiende a salir disperso 
para tener, como fondo del sermón, moraleja que pretende vender nunca-abandones-tu-sueño, vive-la-vida-que-deseas y busca la felicidad en ser tu mismo y no quien pretendan los demás que seas y bla, bla, bla..., que si no te duermes y sigues atento a tan garrula manifestación escénica de insostenible expresividad auditiva, donde a los pocos minutos ya te das cuenta de que no hay mucha tela que cortar ni alimento que servir, es porque realmente tienes aguante, coraje y positivismo de que todo, hasta lo más vulgar y poco currado, puede mejorar si le das tiempo y apoyo, bendición aplaudible que aquí se convierte en desilusión y fiasco pues sólo hay caras de telenovela, chicas de pelo perfecto y mucho maquillaje, estereotipo de género sin parangón y boberías continuas, unas tras otras, que este aspirante a shakespeareno intenta plasmar en un manuscrito motivo de la obra.
¿A qué cogerse?, ¿a los momentos familiares?, ¿al tiempo de juerga con los camaradas?, ¿al espacio de ligue con encontradas amigas?, ¿a las dudas inoportunas, al ardor indeciso, a la bebida sin freno, a la música ruidosa de fondo, a la vomitera por resaca, al fallido intento de madurez, a la inevitable desgana, al poco interés despertado, a la pobre habilidad para manejar una idea poco original, al...?, mejor ¡no te cojas a nada!
Producción mexicana de pretendido romance cómico o ¡vete tu a saber la etiqueta que le endosan!, sin recursos ni capacidad para encontrarlos, ni cómo telonero de un episodio televisivo de la serie de moda, ni como previo al eche de la película de la semana en franja de máxima audiencia, ni como sketchs superpuestos sin gusto ni diestra alternancia pues estos rellenos, inconsistentes y de pega, tienen la decencia de no superar la media hora y ofrecer, un 
pretendido humor muy discutible, de diversión y gracia casi siempre malograda, en cambio, el presente susodicho tiene la valentía de durar hora y media con material que no da para tanto y ¡ni siquiera finge posible diversión, humor o sonrisa acaecida!, mucho menos pretende alcanzar la lejana lágrima o ternura inimaginable.
¿Culpa de la que relata por elegir lo que está a una concreta altura que no pretende ni osa elevarse a más?, puede, probable que sea más que cierto pero era yo quien, en ejercicio de vacío racional, ausencia pensativa y entretenimiento sin propósito, objetivo ni mira había descendido a tal lugar siendo el resultado de tal atrevimiento y propensión un desastre magnífico al alterar, marear y no lograr tan apetecible descanso de vasta inmensidad porque, si estos relatos no sirven para estos momentos insípidos, de tiempo pesado y esencia desfalleciente, ¿para cuándo sirven?
Mea culpa, lo admito, aunque al menos me queda el recurso de la escritura para desahogar tanta frustración de minutos perdidos, penitencia que sobrellevar ante la incesante equivocación de elegir erróneamente y no discernir, a buen ojo de tirador que nunca seré, la decisión inoportuna de la correcta, equivocada tozudez de una, para con una y sufrida por la misma.
Apóstrofe..., y eso que al acabar de visionarla me había decidido, al confirmar lo sentido, sin descanso ni tregua,  durante su recorrido, que aquí no había que molestarse en escribir ¡ni una letra!



Burying the ex

Todos hemos tenido alguna antigua pareja que se resiste a aceptar que la relación ha terminado, pero lo que le ocurre a Max va un paso más allá: justo cuando empieza un romance con la encantadora Olivia, su difunta ex novia Evelyn vuelve de la tumba, dispuesta a pasar lo que le quede de “no vida” junto a él. 


Empiezas pensando ¡qué garrulada de película he escogido para esta velada! pero, sin darte cuenta ni apenas notarlo, sube en decibelios, en intensidad y en hilaridad desmadrada.
Porque, simplemente es eso, no pretende más, una historia divertida de una ex zombie que vuelve para atormentar a su, supuesto, aún novio que le prometió amor eterno y a la que parece imposible matar, desproporción que va en aumento al igual que su desfachatez, excentricidad y cachondeo. 
"Everybody love somebody sometime...", que aquí se convierte en condena de muerte perpetua, pena afligida por prometer lo que no es seguro se quiera cumplir; buena muestra de un tipo de cine de los 80, simple, sin florituras ni complicaciones que va directo a la juerga, la fanfarria y la chiquillada frikie de comer medio hermanos y ¡quedarse con hambre de más!
Anton Yelchin, como buen chico atrapado en la pesadilla de no saber cómo romper con su neurótica novia, a quien el destino le hace un favor deshaciéndose de ella y donde el infierno se presenta en forma de ex muerta viviente que quiere compañía eterna, para siempre y, así no volver a estar sola nunca, de nuevo, ¡jamás!
Revoltijo de maquillaje para fotogramas medidos en su caricatura, que cumple con destreza y habilidad la exposición del circo teatral que se espera sin pasar el límite de esa locura que, hasta el momento, era divertida y graciosa, si va más allá, pierde su encanto por exceso, ocurrencia de provocar y perder el norte para hacer reír de cuando en cuando, básica y efectiva.
Historia para la noche de Halloween, alrededor de la hoguera, rodeado de amigos, en silencio, para averiguar quién es el primer que grita, quién se lleva el susto más grande, quién sonríe a escondidas para que no se le vea pues sabe que todo esto es una tontería y quién está pasando un buen rato a pesar de las burradas descritas.
Un día pesado, dolor de cabeza, sin apenas ganas de cenar, tampoco de dormir, ideal para velada superficial, sin importancia /mucho menos recordatorio de la misma, que fluye ligera, sin esfuerzo y con más comicidad de lo previsto, de apenas ningún voto en sus inicios va consiguiendo merecidos apoyos para su candidatura como aceptable pasatiempo de diversión y entrega válidos, historia de terror cómico que ofrece pinceladas breves de ambos géneros que, en unión, supone una grata gamberrada que entretiene, permite relajarse y distraer tu tiempo muerto ¡nunca mejor dicho!
Dinámica, de buen ritmo, su argumento es una tontería, su guión memez que le sigue a su nivel, escenificación sencilla de añoranza por un tipo de método y gusto, todo con encanto, superficial y sin pretensión; confiesa impunemente que, aunque no es tu porte no estilo, te has divertido sanamente ante tanta bobada que, no siendo la reina del baile ni teniendo invitación para el mismo, se gana un merecido hueco en la categoría de distensión propicia para pasar el rato, vaciar la mente y no pensar demasiado.
Mírala, echa alguna carcajada y ¡pasa página!



viernes, 26 de junio de 2015

El secreto de Adaline

Adaline Bowman (Blake Lively), nacida a comienzos del siglo XX, adquiere a los 29 años la eterna juventud tras un accidente. Tras años de vida solitaria y permanecer con la misma edad durante 8 décadas, conoce a Ellis Jones (Michiel Huisman), un hombre por el que podría merecer la pena peder la inmortalidad.


Necesito una película romántica que me compense de tanto agravio sufrido últimamente, de modo que rauda acudo al encuentro con Adaline y..., ¿qué clase de rancia inmortal eres tú, cuyo tormento ni siquiera sabes sufrir como debes?, pues al igual que ésta tiene miedo de enamorarse, evita comprometerse por no poder tener una vida a pesar de contar con infinitud de años por delante, la película esquiva profundizar en su propia historia, no se atreve a indagar en todas sus posibilidades y anhelos, únicamente logra caldear el ambiente con suavidad y decoro, corrección y elegancia pero sin pasión o ebullición, efervescencia o frenesí, ya sea ascendente o según la línea de su hermana contraria, lo cual denota falta de confianza en si misma.
En primer lugar, la explicación de ostentación científica que le lleva a la situación que todos conocemos de antemano ¿necesaria? No, la verdad, como si quiere venir Starman y pasarle ¡el testigo de su experiencia!, queremos los sentimientos, la chispa de una vida sin descanso, tregua, ni fin, los pormenores y sinsabores de una soledad perpetua y oculta al estar siempre rodeada de personas nuevas y hechos deslumbrantes que no impresionan sino cargan una maleta angosta, pesada cuyo lastre también arrebata todas sus esperanzas y optimismo de poder compartir su vida con alguien.
Pero, bueno, aceptemos este toque altivo de descripción erudita y vayamos a lo importante, ¿y?..., nos encontramos con un desfile fino, delicado y sutil, de gente guapa con porte exquisito, buenas maneras de gestos formales que apenas tienen sangre en las venas, ni ardor en su corazón pues sólo así se explica que este último amor, por el que arriesgar todo lo escondido hasta el momento, sea tan leve, apacible y raso.
Adecuada Blake Lively, que medita más que actúa, que pretende más que ofrece, a la par le sigue Michiel Huisman, enamorado caballero andante por quien adentrarse en una vida sin límite, quien parece acompañante feliz en su santa ignorancia y, un absorbente Harrison Ford que parece ponerle morbo y adrenalina a lo que, hasta entonces era llanura de pasos adecuados, sin matiz, ni salsa, pero a quien su guión no le da margen ni le permite osar ir más allá de la primera estrofa.
"Déjalo ir...", frase con segundas intenciones/inicio de conexión del romance que debe mantener la velada a temperatura cálida pero que, sorprendentemente es la norma no escrita ni dicha por la cual se mueve este argumento, un primer contacto oportuno y adecuado para no ahondar ni reflexionar más sobre ello y, simplemente, eso, dejarlo ir.
"¿La quieres? Si ¿Cómo lo sabes? Porque sin ella nada tiene sentido", mismo nulo sentido que pretender un relato romántico a lo Nicholas Sparks, con tintes de tiempo interestelar inexplicable, y quedarte varado ¡ya no a medio camino! sino a principio de una imaginación que se secó rapidamente y tuvo que recurrir a la belleza del vestido y la distinción de la puesta en escena a ver si distraían y ensimismaban lo que el exiguo, menudo y parco relato había olvidado integrar entre sus apropiadas y oportunas líneas.
Vacío sensitivo a la espera de ser despertado de su letargo, sensibilidad que observa pero ve perdidas sus ansias de coger velocidad y autopista, espíritu expectante que se irrita ante tanta formalidad sin arrebato, vivacidad o ingenio para alentar su seguida con devoción atónita; ¿qué hago?, se pregunta el corazón, ¿fingir entusiasmo?
Lee Toland Krieger, no te se puede achacar haberlo hecho mal pero, tampoco consigues el voto de un vidente que se acomoda en la butaca sin sentir presión, revoltijo, ni nada sólo calma diablesca, para nada bendita, que es errónea e inaceptable pues si todo el sentimiento que eres capaz de mostrar ,ante tanta tortura emotiva, es ¡lo visto!..., la Cenicienta le dal mil vueltas en su lujoso baile donde dejará, al inolvidable príncipe, su eterno zapato en mano.
Acá, lo recordable es la pobreza emocional, la convulsión vacua, la odiosa templanza con la que todo ocurre, la ausente sacudida con la que transcurren los hechos, todo por falta de atrevimiento, por no aumentar el fuego, darle más 
revoluciones y que todo arda en ese seductor enredo del infierno donde todo sube de decibelios, explota y, tras la tormenta, viene la calma que todo lo relaja, apacigua y coloca en su sitio.
Seguridad, determinación y creencia en uno mismo, ingredientes que olvidaste comprobar antes de embarcarte en este viaje que alcanza fuelle ligero, plácido y grato pero, a todas luces, nimio e insuficiente; tanta edad y experiencia de nada te han servido para aportar empuje, fuerza y brío y asi, acercarte a contentar al espectador o asistente.
"Tantos años vividos y nunca has tenido una vida", hay que empezar por saber qué grado de vida se quiere contar y tener; aquí, la susodicha, ilusiona y promete pero se estrella contra su propio techo de cristal, el cual no sabe romper ni superar.



miércoles, 24 de junio de 2015

Único disparo

La trágica muerte accidental de una joven misteriosa da comienzo a un tenso juego del gato y el ratón entre el cazador John Moon y un grupo de criminales que quieren su pellejo...


Un único disparo que, aunque lo intenta, queda lejos de dar en la diana.
"John, si siempre miras hacia atrás, nunca podrás mirar hacia adelante". Un individuo solitario, apático, áspero, desahuciado anímicamente a quien únicamente le queda su caza, esa libertad y poder de buscar, perseguir, encontrar y apoderarse de la víctima, juego estimulante -para quien se tercie- que se volverá en contra al cometer un error, accidente con consecuencias graves que perturbarán su tranquilidad y rutina convirtiendo su vida en un caza al asesino donde él será la presa acorralada, en una contrarreloj por descubrir a quien observa por la mira del rifle, siempre atento y dispuesto a disparar al primer movimiento.
Localización lúgubre, sombría, pesada y ruda, ambiente que habla por si sólo y que dice del protagonista todo lo que el mismo calla, aislamiento, sequedad, parca comunicación, lenguaje cerrado y austero, pobreza cultural, elementos que definen a los personajes que envuelven al protagonista en esta lucha por sobrevivir y recuperar lo que se tenía y que son tan importantes, o más, que el propio descuidado hacedor, devastado interiormente, de revueltas que le llevan a catástrofe segura.
La historia es común, Matthew F. Jones se encarga de un guión que el mismo escribió en novela, por tanto la película es un fiel reflejo de la letra y espíritu impreso en la susodicho obra sólo que, con una buena primera hora de presentación de la situación, de análisis de los hechos y distribución de las fichas en juego deriva hacia el cansancio visual de poca estimulación racional, mínimo fondo reflexivo fruto de dar excesivos rodeos para una simpleza obvia, que no lo necesitaba, todo por no escoger la línea recta que va desde dos puntos fijos, desde ese erróneo adueñarse de dinero ajeno y ser acosado, a quien dirige y perpetua el acosamiento pues se entretiene sin motivación, arranque ni fuerza en colaboradores menores que asfixian y enrarecen un ambiente cuya sequedad, tortura representativa inicial era gusto por discernir qué se escondía tras el mismo, sin embargo acaba fustigando ese primerizo deseo de saber más, que ya desde su aparición se mantiene en cuerda floja y cuya finura se adelgaza conforme pasan los minutos hasta romperse y aniquilar todas tus apetencias y afectos.
Irrita su poca habilidad para mantener el interés del espectador, su severidad, crudeza y muertos silencios atraen por instinto pero su traspaso de cazador a cazado, siempre atractivo y excitante, de rastrear animales inocentes a observa como el ciervo disfruta del espectáculo de ser otro el destinatario de la bala en curso es sabroso, disparo que ya no lo enfoca a él sino a su enemigo de años con esa vuelta esquiva e hipócrita, huraña, retorcida y feroz que da la vida buscando su propia justica es manjar a degustar con ánimo que, simplemente cae y se derrumba ante la falta de ilusión y seducción que invite a abrir apetito en la cena.
Los diez primeros minutos despertarán tu anhelo de investigar qué más hay, qué puede aportar este errante llanero de las montañas, indagación que se mantiene en tregua, parada momentánea mientras se pone el mantel, se distribuyen los cubiertos, sirven los platos y los comensales se sientan a la mesa 
pero, para entonces todo vira hacia el agotamiento ocular, de cognición poco agraciada, que apenas se mantiene a pesar del esfuerzo de Sam Rockwell por hacer tan apetecible su personaje como meritoria lo es su actuación, dura y profunda, palpable y respetable, sin ningún reparo y con merecido aplauso que se gana, sin duda alguna, aunque con lamento se deba admitir que no es suficiente, se necesita más...,como tampoco lo es la correcta dirección de David M. Rosenthal pues pronto se carga, esa competente bienvenida al reino de las sinceras e inquisitivas preguntas, por una sala de espera de las respuestas cargante y soporífera.
Ese nimio apego y aprecio por su desarrollo y desenlace no es achacable a la película sino al contenido de una narración de la cual nace y copia página por escena, otra cosa es que lo que alienta y absorbe en letra gráfica, produzca desgana en fotograma, penoso desfase que se produce al no acertar con arte y soberbia en su trasvase.
Aire viciado, incidente inoportuno, mal de conciencia que no descansa, desconocido al acecho, perturbadores sentimientos encontrados, desmorone de las esperanzas..., tan obsesionado estaba en mirar atrás, en recuperar su feliz pasado que se estrelló contra un amargo presente que anuló cualquier resquicio o posibilidad de futuro afortunado.
Y, finalmente, vino a buscarme, "...,como se viene la muerte, tan callando, cual presto se va el placer da dolor, como a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor"



martes, 23 de junio de 2015

Caza al asesino

Jim Terrier es una espía internacional que ha sido traicionado por la propia organización para la que trabajaba, razón por la que decide dejar atrás su pasado y empezar una nueva vida casándose con su novia. Pero sus planes se truncarán cuando se dé cuenta de que sus jefes y antiguos compañeros van tras él y no pararán hasta verlo muerto.


Rasca en el alma este "gunman" que, como excusa, te narra una historia barata, que dispara balas de fogeo y que, a pesar del intento y esfuerzo, no logra acertar en diana, puede que por el mareo sugestivo que padece y hace padecer a la audiencia.
Eran muchas las ganas, en su momento, de ver esta película, como fan indiscutible de su protagonista ni dudo en ver todo lo que realiza, a pesar de las malas -por ser educada pues fueron catastróficas- críticas que la historia recibió por todos lados; circunstancias personales y deseo de visionarla en versión original postergaron dicho encuentro hasta la fecha de hoy y, por fin..., aquí estoy, moviéndome entre El Congo, Londres y Barcelona, viendo la trabajada constitución muscular de un actor, ya entradito en años, que quiere jugar a un Bourne con memoria aún presente/próximamente a perder, a ser el nuevo Jason Statham de la jubilación cercana que sigue los pasos válidos y establecidos de este patrón, de corte clásico, que ninguna sorpresa ofrece y sí mucha bambalina de baile consabido, visto con más gracia y acierto en muchas otras actuaciones.
Por obligación de mi trabajo abandono el amor de mi vida, lo que más quiero y deseo, que me reforma y convierte en buena y decente persona, bote en el tiempo/lapsus temporal y toda la inmundicia y miseria, no lavada ni depurada, vuelve al presente para alterar mi anonimato, descubrir la traición sufrida y volver a recuperar la chica que nunca debía haber dejado; Javier Bardem como decoración altiva de lo dispuesto a rescatar, amigos de relleno para relatar la trama escondida y, ¡dados lanzados que la partida va a empezar!
"Caza al asesino" vuelto liebre que busca a su tirador, a ese falso amigo/ahora enemigo claro que desea su eliminación, la desaparición de esa última pieza real, del pasado, sobre la mesa, remordimientos, cuentas pendientes, límite de tiempo y la obsesión por salvarla a ella/hacer pagar a los culpables, amenazas, tiros y justicia y todo lo que se tierce para un completo que no sobresale de la media, incluso se inclina hacia abajo, en descenso perpetuo, por querer insinuar un nivel cuya ingenua y simple muestra no logra alcanzar ni rozar; esquiva osadía 100% Sean Penn, en cada fotograma/a todo momento, para recordarnos que aún puede hacer de héroe valiente de acción, con músculos de acero y corazón fiel a su hermosa dama..., y mientras los toros danzando a sus anchas por la plaza aunque, para una vez que los norteamericanos se deciden a sacar una corrida de toros de nuestra tierra, se van a donde éstos !están prohibidos!, parece que ¡llevan la negra para mostrar nuestra cultura y costumbres!
Poco importa el motivo de la acción, la razón de tal catástrofe, este rambo quiere lucirse, ni siquiera necesita un gran texto ni un esmerado guión, simplemente que la luz de la cámara se encienda y que ese botón rojo de paso al show que él sólo protagoniza; cosa distinta es que al espectador le valga este renacido Indiana Jones de la ONG/antiguo señor de la guerra a quien Liam Neeson no debe temer como competidor.
¿Cómo para suspenderla? No diría tanto, si fuera otro el intérprete, la crítica no sería tan dura con ella aunque, también es verdad que ver al susodicho actor, a dicha edad, protagonizando dicho papel ¡da pena!; su fructífero currículum de poco o nada sirven cuando le ves correr, saltar por tejados, explosionar bombas y comportarse como un !veinteañero recién llegado! 
Pero hagamos vacío de memoria, limpieza de exigencia y bajemos nuestras perspectivas a lo proporcionado; no necesitas prestarle mucha atención ni una concentración excesiva, si te pierdes alguna frase o sentencia ¿qué más da?, no es decisiva como tampoco lo es nada de lo expuesto, con que estés al tanto de los dos bandos enfrentados, de qué lado es el bueno y no te pierdas el reencuentro, beso y rescate de la chica ¡sobra!, el resto es minucia que Pierre Morel no se ha molestado en cuidar pues, si tengo a la presente estrella con soporte de moda como secundario ¡qué más da el resto!, dale al play que las fichas rueden.
Proyecto personal del reconocido actor, coge la novela de Jean-Patrick Manchette y participa en su conversión a sinopsis para el cine, amén de involucrar su dinero; cree en sí mismo, en sus ideas y objetivos, respetable actitud que no se plasma en los resultados obtenidos, puede que él haya quedado 
contento con el producto acabado/dudo que nadie más le acompañe en tal disfrute y satisfacción personal de modo que, aceptanto esta separación de millas de distancia entre el público y él, uno contento -incluso puede que preparando trilogía a la vista-/el otro..., si se deja llevar por la disculpa y el perdón, le aprueba a duras penas..., si es frío, exigente y severo no tendrá suficientes palabras para ¡machacarle!
Yo, personalmente, prefiero aprobarle con reproches cariñosos de no volver a incidir en tal ruina ni desbarío que, aunque entretiene ligeramente, ya no se está para baratijas de tres al cuarto que ¡nada de mérito poseen!
La simpatía y cariño por el actor le ofrece los puntos que ni la película ni el relato le aportan; arma poderosa es el afecto que transigue y claudica en lo que, en otras circunstancias y con otro actor no tendría ni aceptación, ni absolución y sería ¡eterna y contundente condena!
Básica.



lunes, 22 de junio de 2015

El cerrajero

Sebastián es un cerrajero de 33 años que no cree en las relaciones exclusivas. Mónica, su relación más estable de los últimos 5 meses, queda embarazada y es muy probable que sea de él. En el intento de minimizar la posibilidad, empieza a sufrir visiones con los clientes a quienes va a abrirles las puertas. 


"Cuéntame un cuento y verás que contento, me voy a la cama y tengo dulces sueños..."
Erase una vez..., un hombre tranquilo y sereno, argentino de 33 años que le gustaba su vida, ir a la suya y no meterse con nadie, cerrajero de profesión adora reconstruir y montar cajas musicales, libre y solitario no cree en el compromiso ni las ataduras, eso de amor verdadero para toda la vida, fidelidad, es un cuento chino.
La escena ocurre en Buenos Aires, 2008, la llamada época del humo donde toda la ciudad estuvo invadida por un clima molesto y desagradable durante tres semanas, una especie de niebla maloliente y repulsiva, muy extraña en dicha tierra, que  nadie era capaz de explicar su por qué o procedencia.
Pero, he aquí que nuestro protagonista recibe la noticia de que su chica está embarazada y duda si tenerlo o no, indecisión que le torturará a partir de entonces entrando en una espiral de enfado, enojo y susto, miedo no reconocido por la incertidumbre de poder ser padre sin estar preparado, sin quererlo, paternidad de la que siempre rehusó envuelta en un humo que le asfixia y del que necesita escapar, salir desesperadamente.
Y, he aquí que en plena realización de su trabajo, el cual venera y honra, empieza a recibir visiones, flashes inesperados sobre la vida de sus clientes, recepciones que ni controla ni puede evitar manifestar públicamente, inmiscuyéndose, sin quererlo ni pretenderlo, en el presente de desconocidos, no todos amables y agradecidos, que le traerá problemas e inconvenientes amén de un repaso, casi obligado, de su persona, pasado, fobias y cuentas personales pendientes.
Un hecho metereológico real le sirve de excusa a Natalia Smirnoff, escrito y directora, para inventar una pequeña historia, natural y modesta, franca, breve y fugaz que sabe a poco, la verdad, pues no penetra en profundidad en la materia, se limita a pasar esquivamente por el asunto, enseñar las cartas pero no jugar una gran partida, su agradecida ligereza se torna levedad poco saciable, no colma todas tus apetencias ni cubre todas las necesidades de curiosidad y entretenimiento vertidas; corta y exigua, como la rareza atmosférica que tiene lugar en la ciudad y que tiene variadas interpretaciones a cual más dispar, gusta y ameniza, se observa con interés y ganas pero aporta pocos nutrientes, satisfacción reducida y limitada que te deja con hambre, con deseo de saber más, de indagar con mayor fervor y no dejarte con incómoda carencia de oferta pobre que enturbia el buen ritmo llevado.
La confusión y desespero de la ciudadanía ante ese aire irrespirable trasladada a una vivencia en particular, singular existencia que ve toda su armonía y quietud patas arriba y vuelta del revés, desconocimiento de su origen y de su por qué que aviva las teorías y aumenta el caos, lidiar con estos síntomas imprevistos cambiarán su actitud, forma de pensar y vida abriéndole las puertas a una nueva realidad y rumbo que él, por si mismo, era incapaz de realizar, de llevar a cabo a pesar de ser experto en llaves maestras y cerraduras de todo tipo.
Pequeña ayuda del destino para avanzar y evolucionar en el tiempo, fábula sabrosa pero escasa, la grata sencillez de su andadura y realización acaba siendo lo que más se le echa en cara, se aprecia y estima su simpleza pero haberle echado un poco más de imaginación y esfuerzo, empeño y dedicación a una buena base que no desarrolla todas sus 
posibilidades; surge y desaparece de forma inhóspita, no deja huella ni rastro pero queda en la memoria como anécdota inexplicable de recuerdo entrañable, es fácil apreciarla, no es difícil encontrar espacio para su degustación, complicado no querer más de ella, aceptada validez que no exaspera pero inquieta por su, no deseada, pequeñez.
Disfruta de esta incursión, de unos pocos días, en la alterada rutina de un anónimo cerrajero que no volverá a ser el mismo ni a estar igual, destrozado en su ánimo, perdido en su esencia, se repondrá y volverá a caminar; no es intensa, es cálida, de roce superfluo que no satura ni compensa, genial como corto, de menor categoría si hablamos de un largo, y he aquí donde reside la cuestión pues al tratarse de un filme necesita más contenido y desarrollo y, en cambio, opta por una escala ínfima y más reducida..., a ella le vale, se repliega y conforma, que te valga a ti es otra historia pues la ilusión despertada por este errante de los pestillos y cerrojos no se ve colmada, conformarse aquí no tiene acepción negativa, es simplemente acertarlo tal y como se presenta y tal y como quiere ser, sin más.



domingo, 21 de junio de 2015

Dios blanco

Una nueva ley da preferencia a los perros de raza e impone un tributo considerable por las razas cruzadas. Rápidamente, los refugios caninos se llenan con perros abandonados. Lili, de 13 años, lucha por proteger a su perro, Hagen, pero su padre lo suelta en la calle. Hagen y su ama se buscan por todos los medios, hasta que un día Lili baja los brazos. Por su parte, Hagen lucha por sobrevivir y rápidamente se da cuenta de que no todo el mundo es el mejor amigo del perro. Se une a un grupo de perros errantes, es capturado y enviado a la perrera. Entonces, los perros aprovechan para escapar y hacer una revolución contra los seres humanos. Su venganza será despiadada. La única que podría terminar con la guerra entre el hombre y el perro sería Lili.


El Oliver Twist de los perros, la inmundicia de la inhumanidad donde la venganza, con sangre se cobra, es camino costumbrista y la violencia, como escenario perpetuo, tiene como lema ese mancillado "El perro es el mejor amigo del hombre". 
Cuando vi esta película la intuición me dijo que no me gustaría, que no sería de mi agrado y sabor; cuando visioné el tráiler algo me dijo que pasaría un inevitable mal rato durante la proyección pero seguí en mi voluntad de verla porque, de normal en estos filmes se pasa por la etapa de crueldad, horror y daño anímico para superarla y obtener ese final feliz de reencuentro y felicidad justa para los implicados, resurgir esperado de ese bravo espíritu que tantos incidentes y estropicios ha sufrido en sus carnes y que equilibra el padecimiento anterior.
De modo que ¡allá voy!, armada de valor y dispuesta a soportar el indigesto trago venidero donde me compensa, ¡suplico por ello!, el esperado beneficio y fruto a recoger por este dios blanco, coraje incansable de lealtad y compañerismo que parece nada temer, cuya valentía y fuerza resiste y resurge como ávido campeón que ni el despreciable hombre puede aniquilar o desfallecer.
Perros de raza permitidos, lugar de honor/mestizos enlistados, con taxa o al paredón, segregación perruna que nada tiene que ver con los sentimientos que se tienen por ellos, doble división como inicio de un angosto juego de subsistencia, lealtad y miseria que se reparte a partes ínfames y execrables ¡a cual peor!
"Es duro perder a alguien a quien amamos"; la pérdida de un perro..., la pérdida de un miembro de la familia, quien no lo entienda así tiene un problema con su empatía y apego, sensibilidad de recibir mucho más de lo que tú puedas llegar a darles, toque de queda de quien ha sido vuelto asesino anulando su corazón sano, salvajada de un campo de batalla donde debería luchar el humano en lugar de esconderse tras el abominable uso de quien es inocente, maldad que encontrará su castigo con ese devolver a cada cual lo suyo y pagar por los actos mezquinos realizados, la venganza de un ángel caído vuelto satanás que sabe quién fue su instigador y culpable.
No es agradable de ver, la fría firmeza y espanto con la que se acorrala, ejecuta y dispara es horripilante y dolorosa, martirio que va "in crescendo" conforme este huérfano de cariño abandonado y caricia olvidada se ve envuelto en la más horrible, dura y feroz supervivencia.
"Todo lo que es terrible necesita de nuestro amor"; ejército de canes heridos en lo más profundo hasta perder su identidad, sin vuelta atrás, sin volver a ser el mismo, despavorido atentado que tiene sus consecuencias, incluso para quien no las merece, donde la cumbre es la-música-calma-las-fieras aunque no quede claro quién es realmente la bestia pues ésta no va a cuatro patas precisamente.
Mi reflexión va a ser emocional, anímica más que todo, sin poder evitarlo porque al margen de su parte técnica, de dirección e interpretación, ésta simplemente no me ha gustado, me ha revuelto las entrañas y estropeado la cena; en ningún momento he conectado o simpatizado con su visión, todo lo contrario, he tenido que apartar la mirada de la pantalla en varias ocasiones según la aventura canina ganaba en maltrato y vergonzante agravio el cual no se ve compensado por su ansioso, y necesario para la turbada alma, final agraciado que mine y amaine mínimamente el dolor y trauma soportados.
Lo siento pero no me vale lo vivido y padecido durante su recorrido, no es de mi aprobación ni conformidad, mucho menos de mi agrado, gusto desagradable de ofuscación para tierna alma sensitiva que se encuentra incómoda en la butaca mientras sigue el tormento en cámara; también es verdad que creí que habría más sentimiento en juego lo cual, por otro lado, me libra de una mayor angustia sentida.
Que sí, afirmativamente, alegoría de lo peor del ser humano, fábula monstruosa sobre ese diablo provocado vuelto en contra nuestra, la barbarie de lo que se puede lograr cuando se asusta, intimida y asfixia hasta el límite a un ser bondadoso y querido, gráficamente trabajo loable de reconocimiento y aplauso bla, bla, bla..., todo lo que se quiera pero, nada de lo que escribo ni he leído sobre la misma, mucho menos presenciado en primera persona, alivia mi indeseable sabor de boca, rancio y áspero, agrietado y desquiciante que simplemente me ha fastidiado la noche.
Duele tanta mala gente, duele tanto ogro esparcido por doquier que parece acaparar todo el cuento, duele y duele y duele este proyecto de fantasía de dibujos que accede al trono del largometraje y cuya herida escuece al tiempo que deja el corazón partido, despedaza tu ánima y reseca todo tu ofendido interior.
¿Demasiado sensible?..., puede ser, ¿excesivamente parcial y arbitraria?..., de todas segura, ¿imposible una lectura informativa donde olvidar tus emociones?..., ¡ya ves mi fracaso!.
Sabía que iba a padecer y a pesar de ello me embarque, luego no te quejes pues la voluntaria tontería de dejarse arrastrar al fusilamiento y la ingenuidad que le acompañan tiene su coste racional, emocional, devastador y sensitivo; nota recordatoria personal
"Él no lo haría", yo tampoco pues es un miembro de mi familia; a partir de ahí, no me sirve nada de lo visto, repito, repito y ¡repito!
Soledad y tristeza, sin recompensa ni restitución, un abrazo ¡por favor!



sábado, 20 de junio de 2015

¡Benvenuto presidente!

Peppino, un hombre honrado e ingenuo, es bibliotecario y muy aficionado a las historias y a la pesca de la trucha. Vive en un pueblo montañés y sueña con un futuro mejor para su único hijo. Mientras, en Roma la derecha, la izquierda y el centro deben nombrar al nuevo presidente de la República. El elegido es Giuseppe Garibaldi, patriota y líder italiano difunto, cuyo nombre y apellido ha sido heredado por lo menos por cinco italianos. Peppino es uno de ellos y saldrá elegido, pero está firmemente decidido a renunciar. Sin embargo, en el momento de pronunciar su discurso en la Cámara, Peppino Garibaldi se da cuenta de que tiene en sus manos la oportunidad de cambiar por fin su país.


"En democracia, la forma es el contenido", no importa que ésta esté manchada, ultrajada y sea una vergüenza, si se cuidan las maneras y respeta el protocolo, todo lo demás no importa, se echa al cubo de la basura y ¡santas pascuas!, pues "...,en este país, hay una única regla jamás rota, si quieres ser político, tienes que ser chantajeable", base sobre la cual se apoya Riccardo Milani, con un relato de Nicola Giuliano, para iniciar esta comedia irónica, en forma de chiste y charanga, que expone con sagacidad y una aguda denuncia en tono de farándula humorística, la corrupción de las instituciones, la deslealtad de sus representantes y el burdo negocio de compra-venta al mejor postor que nos llene los bolsillos en que se ha convertido el gobierno de la nación.
Peppino, ex bibliotecario en paro, aficionado a la pesca de la trucha que por el inútil comportamiento de los partidos, que votan para fastidiarse mutuamente en lugar de pensar en lo mejor para el ciudadano y país -el cual mancillan con su actitud egoista-, en una evidente sentencia que lo explica con gran clarividencia "...,pero ¿qué hemos hecho para hacer esta estupidez?, ¡presidente de la república!", es elegido máximo representante de Italia quien ante la repentina sorpresa, duda inicial e inquietud y disposición benévola a la renuncia inmediata, pronto se dará cuenta de que está rodeado de inmundicia, caza insaciable de hyenas, a cuál peor, donde los gorilas brutos y arcaicos de su tierra son angelitos comparados con la ávida codicia y maldad ambiciosa de esta tribu, de traje y corbata, que manda en el parlamento y la ciudad.
A partir de ahí, cancha libre para el despropósito y la memez, sin límite ni freno, avalancha de escenas ridículas, situaciones deleznables en tono de cachondeo y un circo continuo de bufonadas, desfachateces y tonterías a mansalva, 50 minutos con perspectiva de sacarle buen jugo a un inicio prometedor, con un tema que está muy presente en nuestra sociedad, de gran actualidad que lo convierte en ácida burla y juerga bochornosa de reírse, mofarse e insultar al pueblo quien mira estupefacto como, las serpientes ansiosas de sangre, se unen para derrocar al que, al principio, parecía tonto y resultó ser honesto, tener principios y una moral que molesta y entorpece el acostumbrado funcionamiento del gobierno del pueblo y de la beneficiosa política para beneficio personal pues ¡para qué se está en política si no es para sacar tajada particular! 
Sólo que, igual que "..., hacer demasiado de santo te vuelve diablo", sobre la mitad de su recorrido se palpa un vuelco hacia la broma facilona, tendencia a forzar la sonrisa del espectador con gags prefabricados que pierden su natural gracia, chispa hasta entonces mantenida que deriva en guasa y alboroto que ha perdido su carisma, don y potencia.
Simpática, fresca y alegre, aunque no abandona dicha estela y son características que se aprecian y degustan, si que abusa del recurso cómico exagerado, del montaje rocambolesco y precipitado que pierde parte de su inocencia original, la rica charlotada de risa espontánea cede parte de su arte natural para la carcajada por un estrambótico caos que ya no enriquece tanto, lunática andadura que se absorbe con menos delicia ante la evidente ausencia de parte de ese peculiar carácter sentido a la inicial subida del telón.
Propuesta divertida, amena y graciosa, teatro pachanguero que dice verdades conocidas, ya ni siquiera ocultas, con un Claudio Bisio, líder óptimo de la jarana montada cuyo espíritu incansable no cede un ápice durante todo el metraje, en una acompañada esencia a lo Roberto Benigni que se vive y disfruta más en las primeras etapas, menos en la absurdidad del segundo tramo, descenso de calidad e ideas ligeras que, aunque se observa, siente y palpa, se perdona pues caen bien, hacen mofa de nuestros corruptos representantes, ridiculizan el gobierno y dejan un apartado para la honestidad y la ética, corrección de aquellos puros de corazón que sobresalen y triunfan ante la tentación del mal que les rodea.
Empeño y fuerza de voluntad por entretener, ahínco de diversión, propósito de envoltura dinámica y corrida festiva, lograda por momentos alternos y cuando no, tampoco pierdes la sonrisa por su gancho, cordialidad y ocurrencia pues, aunque no siempre es lograda, su meritorio logro es intentarlo sin descanso ni tregua.
Es fácil relajarse en su presencia, sencillo acompañarles en su aventura, no hace realidad sus altas perspectivas pero se queda a buen camino ¡que ya es bastante!, lectura especulativa de la sociedad y el mundo político, con pequeñas dosis de sarcasmo, mucha coña y una escenificación acelerada, todo ello en un espectáculo válido y afín, joven y enérgico de atropellado accidente que apetece y agrada, deja que invada tu espacio y ocupe tu tiempo, es más el beneficio que obtienes que un posible desgaste.
Ensalada mixta de ingredientes activos y fogosos, con un adobo no muy picante de escándalo irrisorio para un baile pintoresco que porta, como etiqueta, una caricatura danzarina, parodia ridícula que no engaña, es modesta sin ser una perdida.